Libreto Litúrgico | Ordenación Diaconal


LIBRETO LITÚRGICO
                                                                          
SANTA MISA SOLEMNE
CON EL RITO DE 
ORDENACIÓN DIACONAL

DE UN SOLO DIÁCONO

PRESIDE
S.E.R. ELÍAS CARD. TAPIA
OBISPO DIOCESANO

PRO-CATEDRAL DIOCESANA DE BUENOS AIRES
XI - VIII - MMXXVI
                                                                           

RITOS INICIALES

Una vez reunido el pueblo, se dirigen al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL
(Formula III)
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad, dice:
Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad. 
℟.: Señor, ten piedad. 

Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
℟.: Cristo, ten piedad.

Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad. 
℟.: Señor, ten piedad. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.

GLORIA
 
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos oran en silencio durante unos momentos. Después con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios nuestro, que enseñaste a los ministros de tu Iglesia a no buscar ser servidos, sino a servir a sus hermanos, concede a este hijo tuyo, que hoy eliges para el ministerio diaconal, disponibilidad en la entrega, mansedumbre en el servicio y perseverancia en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Num 3, 5-9)
 
- Del libro de los Números

El Señor dijo a Moisés:
Manda a la tribu de Leví que se acerque, y tú la pondrás a disposición del sacerdote Aarón, para servirlo. Ellos realizarán tareas para él y para toda la comunidad de Israel, delante de la Carpa del Encuentro, encargándose del servicio de la Morada. Tendrán a su cargo todo el mobiliario de la Carpa del Encuentro y realizarán tareas para los israelitas, encargándose del servicio de la Morada. Tu pondrás a los levitas a las órdenes de Aarón y de sus hijos: así ellos estarán dedicados a él exclusivamente, de parte de los israelitas.

Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 22)

℟. El señor es mi pastor, nada me faltará.

SEGUNDA LECTURA
(Tm. 3, 8-10. 12-13)
 
- De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo     

Los diáconos deben ser hombres respetables, de una sola palabra, moderados en el uso del vino y enemigos de ganancias deshonestas. Que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se los pondrá a prueba, y luego, si no hay nada que reprocharles, se los admitirá al diaconado.

Los diáconos deberán ser hombres casados una sola vez, que gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. Los que desempeñan bien su ministerio se hacen merecedores de honra y alcanzan una gran firmeza en la fe de Jesucristo.

Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Lc 4, 18)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA!

EL SEÑOR ME ENVIÓ A EVANGELIZAR A LOS POBRES, A ANUNCIAR LA LIBERACIÓN A LOS CAUTIVOS.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA!
 
El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
Amén.
 
EVANGELIO
(Lc 1, 39-48)
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
℟.: Gloria a ti, Señor.
 
- En
aquel tiempo, durante la Última Cena, surgió una discusión entre los discípulos sobre quién debía ser considerado como el más grande.

Jesús les dijo:
    "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.
    Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.
    Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.
    Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.
Por eso Yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí.
    Y, en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.

LITURGIA DE LA ORDENACIÓN

ELECCIÓN DEL CANDIDATO

Luego comienza la ordenación del diácono. El obispo, si procede, se acerca a la silla preparada para la ordenación y se presenta al candidato.

El diácono o un sacerdote llama a los candidatos al sacerdocio:
Acerquense los candidatos para el diaconado:

Y entonces los llama uno por uno, por su nombre. Los Elegidos responden:
¡Presente!

Y se acercan al obispo, inclinándose ante él.
Con los candidatos a la ordenación de pie ante el obispo, un sacerdote designado para tal fin dice:
Reverendo Padre, la Santa Madre Iglesia le pide que ordene a este hermano nuestro al orden de los diáconos.
El obispo:
¿Sabes si es digno?
El sacerdote:
Habiendo interrogado al pueblo de Dios y escuchado a los que están en posiciones de autoridad, testifico que fue considerado dignos.
El obispo:
Con la ayuda de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a este hermano para la Orden del Diaconado.
℟.: Demos gracias a Dios

HOMILÍA

Luego, con todos sentados, el obispo pronuncia la homilía, en la que habla al pueblo y a los elegidos sobre el ministerio de los diáconos, comenzando con el texto de las lecturas de la Liturgia de la Palabra.

PROPÓSITO DEL ELEGIDO AL DIACONADO

Tras la homilía, los elegidos se levantan y permanecen de pie ante el obispo, quien los interroga a todos juntos: 
Queridos hijos, antes de ser admitidos en la Orden del Diaconado, es necesario que expreséis, ante todo el pueblo, vuestro deseo de asumir este ministerio. 
¿Deseas, pues, ser consagrado al servicio de la Iglesia, mediante la imposición de mis manos y la gracia del Espíritu Santo?
El elegido:
Si, quiero.

¿Desean desempeñar el ministerio de los diáconos con humildad y amor, como colaboradores del orden sacerdotal, para el bien del pueblo cristiano?
El elegido:
Si, quiero.

¿Deseas guardar el misterio de la fe, como dice el Apóstol, con una conciencia pura, y proclamar esa misma fe, con palabras y obras, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia?
El elegido:
Si, quiero.

Cada uno de los elegidos se acerca al obispo, se arrodilla y junta sus manos con las del obispo. 
¿Prometes respeto y obediencia a mí y a mis sucesores? 
El elegido:
Si, prometo.

El obispo:
Que Dios, que comenzó en ti la obra buena el mismo la lleve a término.

SÚPLICA LITÁNICA

Todos se ponen de pie. El obispo, de pie, sin mitra y con las manos juntas, mirando al pueblo, los invita a:
Roguemos, hermanos y hermanas, a Dios Padre Todopoderoso para que derrame generosamente su gracia sobre este siervo suyo, llamado al diaconado.

El elegido se postra y se cantan las letanías. Todos permaecen de pie.

Cuando termina la letanía, solo el obispo se levanta y dice, con las manos extendidas:
Señor Dios, escucha nuestras oraciones y ayúdanos en nuestro ministerio. Santifica con tu bendición a nuestro hermano, a quien consideramos apto para el servicio en los santos ministerios. Por Cristo nuestro Señor. 
℟.: Amén.

IMPOSICIÓN DE MANOS 
Y PLEGARIA DE ORDENACIÓN

Cada uno de los elegidos se levanta; se acercan al obispo, que está de pie ante la cátedra, vistiendo la mitra; y se arrodillan ante él.

En silencio, el obispo impone sus manos sobre las cabezas de los elegidos.

Con el elegido arrodillado ante él, el obispo, sin su mitra, con las manos extendidas, dice la oración de ordenación:
Te suplicamos, oh Dios todopoderoso, fuente de todas las gracias, que repartes las responsabilidades, distribuyes los servicios y asignas los oficios. Inmutable en ti, renuevas todas las cosas y, disponiendo todo en tu eterna providencia, por tu palabra, poder y sabiduría, que es Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor, nos concedes en cada momento lo que más nos conviene. En la variedad de dones celestiales y la diversidad de miembros, haces crecer el Cuerpo de Cristo, tu Iglesia, con admirable unidad, por el poder del Espíritu Santo. Para la construcción del nuevo templo, has establecido tres órdenes de ministros para servir a tu nombre, como una vez escogiste a los hijos de Leví para el servicio del antiguo santuario. Así, al comienzo de la Iglesia, los Apóstoles de tu Hijo, movidos por el Espíritu Santo, escogieron a siete hombres virtuosos para que les ayudaran en el servicio diario, encomendándoles la distribución de los alimentos, mediante la oración y la imposición de manos, para que ellos mismos pudieran dedicarse más a la oración y a la predicación de la palabra. Señor, mira con bondad a este siervo tuyo a quien consagramos como diácono para el servicio del altar.  Envía sobre él, Señor, te rogamos, al Espíritu Santo que lo fortalezca con los siete dones de tu gracia, para que ejerza fielmente su ministerio.  Que resplandezcan en él las virtudes evangélicas: amor sincero, solicitud por los enfermos y los pobres, autoridad discreta, sencillez de corazón y una vida según el Espíritu. Que tus mandamientos brillen en su conducta, para que el ejemplo de su vida despierte la imitación de tu pueblo y, guiado por una recta conciencia, permanezca firme y constante en Cristo. Así, imitando a tu Hijo en la tierra, que no vino para ser servido, sino para servir, reina con él en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo.
℟.: Amén.

ENTREGA DE EL LIBRO DE LOS EVANGELIOS 

Una vez finalizada la oración de ordenación, todos se sientan. El obispo se coloca la mitra. Los ordenados se ponen de pie y algunos diáconos u otros ministros les colocan la estola diaconal y los visten con la dalmática.

Mientras tanto, se puede cantar un himno apropiado. Los ordenados, con sus vestiduras diaconales, se acercan al obispo y se arrodillan ante él; el obispo entrega a cada uno el libro de los Evangelios, diciendo:
Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido designado mensajero; transforma lo que lees en fe viva, enseña lo que crees y esfuérzate por practicar lo que enseñas.

Mientras tanto, se puede cantar un himno apropiado. Después, los diáconos recién ordenados regresan a sus puestos.
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
  
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración en silencio. Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
 
El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
 
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración en silencio: luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.
 
Y, si procede, inciensar las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
 
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Padre santo, tu Hijo quiso lavar los pies a sus discípulos para darnos ejemplo; recibe los dones que te presentamos en esta liturgia y, al ofrecernos como víctima espiritual, concédenos crecer en humildad y abnegación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
 
PREFACIO
Cristo, Origen de Todo Ministerio Eclesial
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
En verdad es justo y necesario, alabarte y darte gracias, Padre santo, Dios omnipotente y misericordioso, de quien proviene toda paternidad en la comunión del Espíritu.

En tu Hijo Jesucristo, sacerdote eterno, siervo obediente, pastor de los pastores, has puesto el origen y la fuente de todo ministerio, según la viva tradición apostólica conservada en tu pueblo que peregrina en la historia.

Tú eliges dispensadores de los santos misterios con variedad de dones y carismas, para que en todas las naciones de la tierra se ofrezca el sacrificio perfecto y, con la Palabra y los sacramentos se edifique la Iglesia, comunidad de la nueva alianza, templo de tu gloria.

Por este misterios de salvación, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos con gozo el himno de tu alabanza:
 
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando el himno "Santo".

PLEGARIA EUCARÍSTICA I

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:
que aceptes

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Benedicto, conmigo, indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

C1.-
Acuérdate, Señor, de tus hijos,

Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.

Después, con las manos extendidas prosigue:
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

C2.- 
Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Con las manos extendidas, prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus servidores, y de toda tu familia santa; que te ofrecemos también por tu hijo que ha sido llamado al orden de los diáconos; conserva en él tus dones para que fructifique lo que ha recibido de tu bondad.

Junta las manos.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.
Él cual, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,

Eleva los ojos.
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN DE MÍ.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

Luego dice:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar,

Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.

Junta las manos.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

C3.- 
Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.

Ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar. Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.

Junta las manos.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

C4.-
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,

Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires, Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.

Junta las manos:
Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

El celebrante principal toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
. Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono, o el sacerdote, añade: 
Dense fraternalmente la paz.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice el "Cordero de Dios".

 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
 
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
℟.: Amén.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Padre, concede a tus hijos, alimentados con esta eucaristía, ser fieles ministros del Evangelio, de los sacramentos y de la caridad, para gloria tuya y salvación de los creyentes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos sobre el ordenado y dice
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Dios Padre, que te ha llamado para el servicio de los hombres en su Iglesia, te conceda una gran solicitud hacia todos, especialmente hacia los pobres y afligidos.
℟.: Amén.

Él, que te ha confiado la misión de predicar el Evangelio de Cristo, te ayude a vivir según su Palabra, para que seas su testigo entusiasta y sincero.
℟.: Amén.

Él, que te hizo dispensador de sus sacramentos, te conceda ser imitador de su Hijo Jesucristo, para ser en el mundo ministro de unidad y de paz.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Y la todos ustedes los bendiga Dios todopoderoso, Padre
, Hijo y Espíritu Santo , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira. 

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