Carta Pastoral | Exp. N⁰ 01/2026

 DIÓCESIS DE BUENOS AIRES
Exp. N⁰ 01/2026


MONS. ELIAS TAPIA
POR GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA
I OBISPO DE BUENOS AIRES

CARTA PASTORAL

A todos los fieles de la naciente Diócesis de Buenos Aires
gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor.

«Manete in dilectione mea» (Jn 15, 9)

Queridos hijos:

Con inmensa alegría y profunda emoción me dirijo a ustedes por primera vez como Obispo de esta amada Iglesia particular que, por disposición de Su Santidad, el Papa Benedicto VIII, ha sido recientemente erigida bajo el patrocinio de la Santísima Trinidad y de Nuestra Señora de los Buenos Aires.

Todavía resuenan en mi corazón las palabras de la Constitución Apostólica Ad Crucem Omnia Traham. Y mientras meditaba sobre ellas, comprendía que el Señor, una vez más, nos invita a dirigir la mirada hacia la Cruz, que no es signo de derrota, sino de amor; no es signo de desesperación, sino de esperanza; no es el final del camino, sino el comienzo de una vida nueva.

Hoy nace nuestra Diócesis. Y al decir esto, hermanos, no pienso en edificios, ni en cargos, ni en títulos. Pienso en ustedes. Pienso en las almas que el Señor nos confía. Pienso en tantos hermanos que buscan una familia, una comunidad, un lugar donde crecer en la fe y encontrar el amor misericordioso de Dios.

Porque una diócesis no nace cuando se levanta una catedral, sino cuando un pueblo decide caminar unido detrás de Cristo.

Confieso que, al recibir de manos del Santo Padre esta misión, mi corazón experimentó una mezcla emocional. Comprendí el peso de la responsabilidad y la grandeza de la tarea. Debería estar aterrado… mas sin embargo, estoy feliz.

Estoy feliz porque servir a la Iglesia del Dios vivo es una gracia inmensa. Estoy feliz porque el Señor ha querido llamarnos nuevamente a trabajar en su viña. Estoy feliz porque sé que no caminamos solos. El Buen Pastor nos precede, y su gracia nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.

Esta Iglesia particular apenas comienza a dar sus primeros pasos. Todavía queda mucho por hacer. Habrá que construir templos, organizar estructuras, formar nuevas vocaciones y levantar numerosas obras para gloria de Dios. Pero no tengamos prisa.

Las grandes obras del Señor crecen lentamente, como la semilla sembrada en buena tierra. Y por eso, más que preocuparnos por levantar muchas cosas, preocupémonos por permanecer en el amor de Cristo.

No olvidemos las palabras que el Santo Padre ha querido regalarnos como lema:

«Permanezcan en mi amor» (Jn 15, 9).

Este será nuestro programa. Permanecer en su amor. Permanecer en su gracia. Permanecer unidos como hermanos. Permanecer fieles a la Iglesia. Permanecer junto a la Cruz.

A los sacerdotes y diáconos les pido que sean verdaderos pastores, hombres de oración y de entrega. A los seminaristas, que no tengan miedo de responder generosamente al llamado del Señor. A los fieles laicos, que no se consideren simples espectadores, sino piedras vivas de esta casa espiritual que juntos comenzamos a edificar.

Y a todos, absolutamente a todos, les digo: esta es su casa.

Acá nadie sobra.

Acá todos tenemos una misión.

Acá todos somos necesarios.

Encomendemos esta nueva Iglesia particular a la protección de la Santísima Trinidad y al cuidado maternal de Nuestra Señora de los Buenos Aires, para que ella, que acompañó a los Apóstoles en los comienzos de la Iglesia, nos enseñe también a nosotros a perseverar en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Y si alguna vez llegan las dificultades, recordemos siempre que no somos nosotros quienes sostenemos la Iglesia; es Cristo quien la sostiene. Nosotros solamente somos simples servidores que hemos hecho lo que debíamos hacer.

Confiemos, pues, en el Señor. Caminemos con alegría. No tengamos miedo. Y avancemos juntos hacia la Cruz gloriosa de Cristo, pues allí se encuentra nuestra esperanza y nuestra salvación.

Con afecto de padre y pastor, imparto de corazón mi bendición a todos ustedes.

¡Gloria in Excelsis Deo!

Dado en Buenos Aires,
 a los veintiún días del mes de junio
del Año del Señor dos mil veintiséis

Mons. Elías Tapia
I Obispo Diocesano 

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